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Lecturas

SONNY ´S BLUES
SONNY ´S BLUES

J. Baldwin pasó su infancia en Harlem, su obra literaria refleja esa infancia ajustada, melancólica e incierta. Su cuento “Sonny ´s Blues”, uno de los pocos relatos entre los ensayos y las novelas, transmite de una manera directa y reveladora algo muy difícil para un escritor: los sentimientos, las ideas, la música; aquellas disciplinas en las que  las palabras se muestran dejando demasiados y anchos agujeros. Un hallazgo, porque no es únicamente un activista de los derechos de las minorías, tiene una pluma que puede dejarnos asomar al misterioso y complejo abismo del alma humana. Especialmente, para quien crea que la literatura comprometida suele rebajar su calidad en aras del mensaje. Es recomendable la lectura en idioma original, pero las traducciones también sirven. Aquí un fragmento que debería tentarlos, y mucho.   

“Entonces todos se reunieron alrededor de Sonny y Sonny tocó. De cuando en cuando uno de ellos parecía decir amén. Los dedos de Sonny llenaban el aire con vida, su vida. Pero una vida que contenía muchas otras. Y Sonny retrocedió todo el camino, y en realidad comenzó con el enunciado breve y neutro de la frase inicial de la canción. Luego comenzó a hacerla suya. Fue muy hermoso porque no había prisa y ya no era un lamento. Parecí escuchar con cualquier quemadura que él hubiera hecho suya, con cualquier quemadura que tuviéramos aún por hacer nuestra, cómo dejar de lamentarnos. La libertad acechaba a nuestro alrededor y comprendí, por fin, que él podía ayudarnos a ser libres si escuchábamos, que nunca sería libre mientras no lo hiciéramos. Y sin embargo, ahora no había en su rostro ninguna batalla. Escuché todo por lo que él había pasado y continuaría pasando hasta ir a descansar en la tierra. La había hecho suya: esa larga línea, de la cual sólo conocíamos a mamá y a papá. Y nos la devolvía, como ha de regresarse todo, de modo que, pasando por la muerte, pueda vivir para siempre. Volvía a ver el rostro de mi madre y sentí, por primera vez, cómo las piedras del camino por el que ella anduvo le habían herido los pies. Vi el camino iluminado de luna donde murió el hermano de mi padre. Y me traje de regreso algo más y me hizo dejarlo atrás. Volví a ver a mi pequeña y sentí las lágrimas de Isabel otra vez. Y sentí que las mías propias comenzaban a brotar. Y pese a ello estaba consciente de que esto era sólo un momento, de que el mundo aguardaba afuera, tan hambriento como un tigre, y que por sobre nosotros se extendían los problemas, más anchos que el cielo.”